sábado, 29 de julio de 2017

El fútbol en los Estados Federados de Micronesia

Los Estados Federados de Micronesia son un archipiélago independiente de 607 islas, localizado en el Océano Pacífico, al noreste de Papúa Nueva Guinea, en la región de Micronesia. Su selección es noticia por un récord nada agradable.

Actualización del artículo publicado en abril de 2010.
Por PABLO ARO GERALDES

El número es demoledor: 114 goles en contra en sólo tres partidos de los Juegos del Pacífico 2015 le valieron en la prensa internacional el penoso tí tulo de "peor equipo del mundo". Puede ser desde lo estadístico, pero detrás de tan pobre desempeño hay una historia por conocer.
En 1999 se fundó la Federated States of Micronesia Football Association (FSM-FA) y la selección comenzó una tibia actividad, pero dejó de tener competencia internacional en julio de 2003. Desde entonces, el fútbol se redujoa la actividad de los cuatro estados que componen el país: Yap, Chuuk, Kosrae y, principalmente, Pohnpei. En este último estado está Palikir, la capital federal. Casi todas las islas son atolones y arrecifes coralinos asentados sobre cordilleras submarinas, y en muchos casos antiguos volcanes como sucede en Chuuk, donde el perímetro de la laguna del atolón es un emerger de corales asentados sobre un cráter volcánico.
Chuuk - Kosrae - Pohnpei - Yap
Algunas estadísticas del fútbol micronesio:
Primer partido: Guam 3-0 Micronesia (1/6/1999).
Mejor resultado: Micronesia 7-0 Islas Marianas del Norte (12/7/1999).
Peor resultado: Micronesia 0-46 Vanuatu (6/7/2015, en Papua Nueva Guinea).
Último partido: Micronesia 0-46 Vanuatu (6/7/2015, en Papua Nueva Guinea).

Paul Watson durante un entrenamiento con los jugadores de Pohnpei.
Pero no todo está ligado a las derrotas. El fútbol micronesio buscó un despegue, de la mano del británico Paul Watson, quien a principio de esta década asumió el cargo de seleccionador nacional. Desde Pohnpei se dedicó a activar la competencia interna. Con el combinado de ese estado venció 6-2 a las Island All-Stars, en medio de un clima tormentoso. Sí, el nivel es pobre, pero la única manera de crecer es salir a competir. Encerrados en sus atolones de coral, será imposible progresar.
Vanuatu, Nueva Caledonia, las Islas Salomon y Fiji llegaron a pelear las instancias finales para meterse en la Copa del Mundo. En 2010, por primera vez un equipo de Papua Nueva Guinea, el Hekari United, ganó la O-League, el máximo torneo de clubes de Oceanía y disputó luego el Mundial de Clubes. Tahití y Fiji metieron a sus selecciones en el Mundial Sub-20. Y aunque las goleadas humillan y seguirán viéndose, jugar es el único camino.

En febrero de 2010, durante la asamblea anual del Comité Olímpico de los Estados Federados de Micronesia, en Pohnpei, se volvió a formar la Federated States of Micronesia Football Association, con nuevas autoridades. Es uno de los 9 estados soberanos que no son miembros de la FIFA.
Steve Finnen asumió entonces la presidencia y la FSM-FA inició su relación con la Confederación de Oceanía, aunque no es miembro, y tampoco de la FIFA, por lo que no puede participar en Eliminatorias. Sus partidos no son reconocidos por la entidad madre del fútbol. Tampoco está afiliada a la NF-Board ni la ConIFA, organismos que agrupan a los seleccionados no reconocidos por la FIFA. Sí fue admitido en la división Oceanía del Comité Olímpico Internacional, pero en virtud de la Carta del Comité Olímpico Nacional, no le puede dedicar fondos para el desarrollo del fútbol hasta que el órgano rector internacional (la FIFA) reconozca el programa. En consecuencia, el mínimo desarrollo del fútbol es resultado de donaciones del sector privado en los estados, y más recientemente, a través de la asistencia de la FSM-FA.
Este parcial reconocimiento olímpico le permite competir en los Pacific Games (Juegos del Pacífico), la gran cita deportiva de las pequeñas naciones oceánicas.

El trabajo del DT Watson se centró en amalgamar a los jugadores de las diferentes islas, a la vez que la nueva federación empezó a estimular el fútbol desde el nivel escolar. En 2015 Jeff Wuthel asumió la presidencia de la FSM-FA y, aun con una competencia mínima, se lanzaron al desafío de participar en la XV edición de los Pacific Games, en Port Moresby, capital de Papúa Nueva Guinea, su primera participación en un torneo bajo el ala de la OFC.
Micronesia (camiseta naranja) en el 0-38 ante Fiji.
Allí sufrió tres goleadas humillantes sin siquiera anotar un solo gol: 0-30 ante Tahití, 0-38 con Fiji y 0-46 con Vanuatu. En defensa de estos jugadores, dirigidos por el australiano Stan Foster, es necesario aclarar que la mayoría de ellos nunca había jugado un partido "en serio", jamás había pisado una cancha de once... Muchos, ni habían salido de la isla en la que nacieron.
En declaraciones a The Guardian, Foster puso en palabras la diferencia con sus rivales: "fueron partidos de niños contra hombres. Estamos en el kindergarten del fútbol, tenemos mucho que aprender. Cuando hicimos escala en Guam, muchos de estos muchachos vieron por primera vez en su vida un ascensor o una escalera mecánica".

El camino será largo y duro para los Estados federados de Micronesia, pero alguna vez tenía que empezarlo. El anhelo de los micronesios es llegar a ser reconocidos por la FIFA e inscribirse en las eliminatorias para la Copa del Mundo. Soñar no cuesta nada...
La selección de los Estados Federados de Micronesia en 2001.

jueves, 27 de julio de 2017

Concacaf Gold Cup 2017: Estados Unidos campeón

Estados Unidos conquistó la 14ª edición de la Copa Oro de la Concacaf, el máximo torneo de selecciones organizado por la Confederación de Fútbol Asociación de Norte, Centroamérica y el Caribe.
Todos los resultados:

GRUPO A
Canadá - Costa Rica - Guyana Francesa - Honduras
7/7 - Harrison: Canadá 4-2 Guyana Francesa
7/7 - Harrison: Costa Rica 1-0 Honduras
11/7 - Houston: Costa Rica 1-1 Canadá
11/7 - Houston: Honduras 3-0 Guyana Francesa
14/7 - Dallas: Guyana Francesa 0-3 Costa Rica
14/7 - Dallas: Canadá 0-0 Honduras
Posiciones: Costa Rica 7 (+4), Canadá 5 (+2), Honduras 4 (+2), Guyana Francesa 1 (-8).

GRUPO B
Estados Unidos - Martinica - Nicaragua - Panamá
8/7 - Nashville: Estados Unidos 1-1 Panamá
8/7 - Nashville: Martinica 2-0 Nicaragua
12/7 - Tampa Bay: Nicaragua 1-2 Panamá
12/7 - Tampa Bay: Estados Unidos 3-2 Martinica
15/7 - Cleveland: Panamá 3-0 Martinica
15/7 - Cleveland: Estados Unidos 3-0 Nicaragua
Posiciones: Estados Unidos 7 (+4), Panamá 7 (+4), Martinica 3 (+1), Nicaragua 0 (-1).

GRUPO C
México - Curaçao - El Salvador - Jamaica
9/7 - San Diego: Curaçao 0-2 Jamaica
9/7 - San Diego: México 3-1 El Salvador
13/7 - Denver: El Salvador 2-0 Curaçao
13/7 - Denver: México 0-0 Jamaica
16/7 - San Antonio: Jamaica 1-1 El Salvador
16/7 - San Antonio: México 2-0 Curaçao
Posiciones: México 7 (+4), Jamaica 5 (+2), El Salvador 4 (0), Curaçao 0 (-6).


CUARTOS DE FINAL
19/7 - Philadelphia: Costa Rica 1-0 Panamá
19/7 - Philadelphia: Estados Unidos 2-0 El Salvador
20/7 - Phoenix: Canadá 1-2 Jamaica
20/7 - Phoenix: México 1-0 Honduras

SEMIFINALES
22/7 - Dallas: Estados Unidos 2-0 Costa Rica
23/7 - Los Angeles: Jamaica 1-0 México

FINAL
26/7 - Santa Clara: Estados Unidos 2-1 Jamaica

Repasa el historial de la Copa Oro de la Concacaf.

Historial de la Gold Cup

Las primeras diez ediciones fueron regidas por la Confederación Centroamericana y del Caribe de Fútbol (CCCF), entidad fundada en 1938. En 1961 se fusionó con la North American Football Confederation (NAFC), dando origen a la Concacaf. El último torneo se celebró en 1971; después se consideró campeones a los ganadores de la eliminatoria para la Copa del Mundo. En 1991 el certamen resurgió como Gold Cup o Copa Oro. 
La NAFC también organizó torneos en 1947 y 1949, los mismos que hizo resurgir en 1990 y 1991, antes de la aparición de la Gold Cup.


C.C.C.F. Championship
1941 Costa Rica
1943 El Salvador
1946 Costa Rica
1948 Costa Rica
1951 Panamá
1953 Costa Rica
1955 Costa Rica
1957 Haití
1960 Costa Rica
1961 Costa Rica

N.A.F.C. Championship
1947 México
1949 México
1990 Canadá
1991 México

Campeonato de la Concacaf
1963 Costa Rica
1965 México
1967 Guatemala
1969 Costa Rica
1971 México

Eliminatoria mundialista de la Concacaf
1973 Haití
1977 México
1981 Honduras
1985 Canadá
1989 Costa Rica

Gold Cup
1991 Estados Unidos
1993 México
1996 México
1998 México
2000 Canadá
2002 Estados Unidos
2003 México
2005 Estados Unidos
2007 Estados Unidos
2009 México
2011 México
2013 Estados Unidos
2015 México
2017 Estados Unidos

martes, 25 de julio de 2017

Arqueros goleadores

Cinco porteros que dejaron la comodidad de su área para intentar ampliar la diferencia en el resultado. Los arqueros más goleadores de la historia.

Artículo publicado en la revista ESPN Magazine, en noviembre de 2015
Por PABLO ARO GERALDES

Aunque los goles de arquero parecen ser una proeza de los últimos años, el fútbol argentino registra su primer antecedente en la temporada inaugural del profesionalismo: 1931. Aquel 9 de agosto, hace 84 años, Tigre vencía 3-0 a Chacarita Juniors en Victoria cuando el árbitro Ricardo Riestra marcó penal para los funebreros. El arquero visitante Eduardo Pibona Alterio (tío del gran actor Héctor Alterio) cruzó la cancha para ejecutar la falta mientras los de Tigre protestaban la decisión. El juego se demoró y cuando llegó el momento del cobro, Lorenzo Luis Savarro, portero local, se recostó contra un palo y ni siquiera intentó atajar el disparo de Alterio, que descontó. Sobre la hora, Chacarita alcanzó un trabajoso empate, pero el héroe ya era Pibona.

Fue tan extraño que un arquero convirtiera un gol que tuvieron que pasar más de cuatro décadas para que se repitiera esta rareza en las canchas argentinas: en el Nacional 1972, Alberto Parsechián, de Independiente de Trelew, anotó contra Vélez Sarsfield y San Lorenzo de Mar del Plata.

En las últimas dos décadas estos goles antes excéntricos pasaron a verse con más continuidad. Estos son los 5 máximos especialistas de los dos arcos en todo el mundo. Y vale remarcar que los cinco son latinoamericanos:

ROGÉRIO CENI
Activo hasta los 42 años, el Pelé del arco es un mito que trasciende al São Paulo FC, en el que vive su 26ª temporada consecutiva, y a Brasil: sus 131 goles son una marca muy difícil de igualar en el mundo entero.

Neymar no había nacido cuando él llegó al cuadro paulista proveniente de las inferiores del Sinop, modesto club que disputa el Campeonato Matogrossense. Tenía 17 años en aquel 1990 y recién debutó tres años más tarde, siempre a la sombra de Zetti, el titular de aquel São Paulo dirigido por Telé Santana que brilló en su máxima expresión, fue campeón de América e Intercontinental. Fue sumando minutos hasta que se adueñó de la portería tricolor: en 1997 se ganó el puesto y marcó sus primeros tres goles. Su maestría para ejecutar tiros libres no era un don, después de los entrenamientos se quedaba pateando al arco 120 veces por día.

Pronto se convirtió en capitán. El 2005 fue su mejor año: marcó 21 goles (cifra que muchos delanteros envidian), levantó la Copa Libertadores y ganó el Mundial de Clubes. Al año siguiente se adueñó del récord: el 20 de agosto, frente a Cruzeiro, superó a José Luis Chilavert al festejar su tanto número 62.

El 27 de marzo de 2011 llegó al 100, contra Corinthians. Meses después jugó su partido Nº 1000 en el arco paulista, con lo que se erigió como el futbolistas que más encuentros disputó en un solo club, en todo el planeta. Su retiro ya tiene fecha: el próximo 11 de diciembre.


JOSÉ LUIS CHILAVERT
El gran arquero paraguayo cerró su carrera con 62 goles de su autoría, muchos de ellos memorables. Fue el portero más goleador de la historia hasta 2006, cuando lo pasó el brasileño Rogério Ceni. Entre sus hazañas figuran ser el primer arquero del mundo en anotar un gol de tiro libre (el 2 de octubre de 1994 le dio la victoria 1-0 a Vélez Sarsfield sobre Deportivo Español); y el primero en marcar un hat-trick: el 28 de noviembre de 1999 humilló tres veces a Ferro Carril Oeste desde el punto del penal.


Con el equipo del barrio porteño de Liniers logró su gloria mayor: ganó 4 campeonatos argentinos, la Copa Libertadores, la Intercontinental, la Interamericana, la Supercopa y la Recopa sudamericanas, y dejó en la memoria de sus hinchas 48 goles (36 en el fútbol local, lo que es un récord argentino, y 12 en copas internacionales).

Además, con su zurda prodigiosa anotó 8 tantos para la Selección de Paraguay, 4 para Peñarol (Uruguay), 1 para el Zaragoza (España) y 1 para el Racing Estrasburgo (Francia). En total fueron 45 de penal y 17 de tiro libre, entre los que sobresalen dos golazos inolvidables a Germán Burgos, uno con Paraguay y otro con Vélez. La IFFHS lo eligió mejor guardameta del mundo en tres ocasiones: 1995, 97 y 98.


RENÉ HIGUITA
Apareció en el arco de Millonarios en 1985 con un estilo audaz, salidor, que hacía recordar al genial Hugo Gatti, pero recobró fama continental cuando al año siguiente pasó al Atlético Nacional de Medellín, su ciudad natal. Allí, de la mano del DT Francisco Maturana libreró su creatividad y empezó a acumular los primeros de los 41 goles que marcó en su carrera.

Pasó por varios clubes de su país y también jugó en España, México, Ecuador y Venezuela, aunque su mayores glorias quedarán por siempre ligadas a dos equipos: el Atlético Nacional y la Selección Colombia. Con el Verdolaga fue fundamental para la conquista de la primera Copa Libertadores colombiana, en 1989. En el máximo torneo sudamericano grabó otro hito: el 16 de febrero de 1989, contra Millonarios, fue el primer arquero en marcar un gol en la Copa, de penal.

El creador del acrobático escorpión también se lució anotando 3 goles con el representativo nacional; lo sufrieron Finlandia, Perú y Venezuela. El cómputo detallado de sus tantos señala que 37 los logró de penal y 4 cobrando faltas de tiro libre.


JOHNNY VEGAS
Oriundo de Huancayo, hizo toda su carrera en el Perú. Hoy, con 39 años, es el arquero de Unión Comercio, aunque últimamente está relegado al banco de suplentes. Se subió al podio de los arqueros goleadores al pasar al mexicano Jorge Campos e igualar a René Higuita con 41 goles (32 de ellos de penal).

Había abierto la cuenta en la Copa Merconorte 1999, con el buzo de Sport Boys, ante Deportivo Cuenca en Ecuador. El equipo rosa fue el de su debut y el de su despegue profesional, donde además de su rápidos reflejos empezó a exhibir su faceta goleadora, tanto que se ganó el particular apodo de Chilavegas. En total suma 39 en la Primera División peruana, 1 en Segunda y 1 en la extinta Copa Conmebol, aunque su desafío es marcar aunque sea uno más para quedarse él solo con el tercer puesto mundial.

Antes de recalar en Unión Comercio pasó también por Unión Huaral, Universidad de San Martín de Porres, Melgar, Sporting Cristal, Sport Áncash, Cienciano, Alianza Atlético, Pacífico, Defensor San Alejandro y Los Caimanes.


JORGE CAMPOS
Con su 1,68m de estatura está entre los porteros más bajos de la historia. Sin embargo el valeroso arquero dejó Acapulco para hacerse dueño de la camiseta número 1 de los Pumas de la UNAM, en 1988. Tres años después, César Menotti lo convocó para la Selección de México, con la que llegó a disputar 3 mundiales, siempre con sus coloridas vestimentas.

A lo largo de su carrera, el Brody marcó 40 goles (solamente 9 de ellos de penal), pero vale aclarar que en reiteradas ocasiones cambiaba su puesto de guardameta por el de delantero. En tierra azteca se volvió muy popular su ritual de cambiarse de uniforme para dejar el arco y continuar en el partido más cerca de la valla adversaria. El más espectacular de sus goles lo anotó con el Atlante, en 1996: una tijera voladora, contra Cruz Azul, con el imponente marco del Estadio Azteca.


* Aquí se consignan solamente los goles anotados en torneos oficiales. No se tienen en cuenta las ejecuciones en definiciones desde el punto del penal.


viernes, 21 de julio de 2017

Estados soberanos fuera de la FIFA


Hay nueve países que aunque gozan de soberanía plena, no son miembros de la FIFA. Algunos porque tienen una mínima estructura futbolística y la pequeñez de su territorio no permite un gran desarrollo. Otros archipiélagos encuentran en las largas distancias entre sus islas el principal obstáculo para sostener una competición. Pero está el caso de Gran Bretaña: los cuatro países que componen el Reino Unido son los custodios de la International Football Association Board, o simplemente "International Board", el organismo encargado de definir las reglas del fútbol a nivel mundial y sus futuras modificaciones.
Gran Bretaña, en los JJ.OO. Londres 2012
Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte (Irlanda hasta 1921, cuando se dividió la isla) además de conformar la IFAB son miembros de FIFA, pero no pueden participar en los Juegos Olímpicos porque no son estados soberanos y la afiliación al COI pertenece a la British Olympic Association.
El tema es que escoceses, galeses y norirlandeses tampoco desean integrarse bajo una misma camiseta británica, por eso hay tan pocas participaciones de esta selección. Solamente se había presentado en 1908, 1912, 1920, 1936, 1948, 1952, 1956 y 1960. Pero los Juegos Olímpicos de Londres se convirtieron en una cita ineludible: el local no podía desertar. Y así, con un plantel de mayoría inglesa y algunos galeses, compitió en el torneo olímpico de fútbol, donde fue eliminada por Corea del Sur en cuartos de final.

LAS ISLAS DEL PACÍFICO
Kiribati, en 2011.
Son seis los estados soberanos de Oceanía que no están dentro de la estructura de la FIFA. Entre ellos, Tuvalu, Kiribati y Niue se encuentran asociados a la Oceania Football Confederation sin ser miembros plenos. Al no estar afiliados a la FIFA, no participan en las eliminatorias de ninguna competición que organiza la FIFA, pero sí en torneos de la OFC.
Además de estos tres, Palau ingresó en 2007 y estuvo solamente 2 años en la OFC. En 2009 solicitó su ingreso a la Asian Football Confederation, y su aceptación por parte del ese organismo está en proceso.
Los Estados Federados de Micronesia están empezando una tibia actividad competitiva entre los cuatro estados componen esta federación: Chuuk, Kosrae, Pohnpei y Yap.
El caso de Nauru es aun más lejano: la pasión de la isla es el Football Australiano, que tiene sus propias reglas, y el soccer ocupa un lugar relegado en las preferencias. Aunque la Nauru Amateur Soccer Association se fundó hace cuatro décadas, su actividad internacional es nula.

EN MEDIO DEL LUJO, EL FÚTBOL
El Principado de Mónaco está asociado a los yates, el casino y el Grand Prix de Fórmula 1. Pero también hay fútbol local, más allá del poderoso AS Monaco FC que participa en la Ligue 1 francesa.
La Fédération Monegasque de Football fue fundada en 2000 y su selección debutó un año después, cuando venció 2-1 a Tíbet. A diferencia de otros países pequeños (ocupa apenas 2 km²) tiene una intensa actividad futbolística.
El caso de Vaticano es curioso: su campeonato más conocido, la Clericus Cup, está compuesto por equipos lo componen equipos de sacerdotes, seminaristas, trabajadores de las diferentes áreas. Los jugadores componen también la Selección, en la que juegan también los miembros de la Guardia Suiza. Debido a que el estado soberano más pequeño tiene solamente 0,44 km² y el 20% de esta superficie lo ocupan la Basílica y la Plaza de San Pedro, el fútbol se desarrolla en el Estadio Pio XII, que se encuentra a las afueras de la Ciudad del Vaticano y tiene la capacidad de para unas 2000 personas.
La selección de Vaticano, que enfrentó a Mónaco en 2013.

jueves, 20 de julio de 2017

Fidelidad


El arquero brasileño Rogério Ceni se retiró con el récord mundial de fidelidad a una camiseta: la del São Paulo. Se despidió el 11 de diciembre de 2015 con 1237 partidos disputados y es el futbolista que más defendió los colores de un mismo club en la historia del fútbol mundial.

Superó a Pelé, quien vistió la casaca del Santos en 1116 partidos, al norirlandés Noel Bailie, quien mantiene la marca europea con 1013 encuentros con el Linfield, y a Ryan Giggs, el galés que disputó 963 matches con el Manchester United inglés.

Rogério Ceni posee varios récords, como ser el máximo arquero-goleador de la historia (con 131  tantos), el jugador que más veces portó el brazalete de capitán en un mismo equipos (961 partidos), y también el futbolista con más victorias para un mismo equipo: con 601 triunfos batió el récord de 589 que ostentaba Ryan Giggs.

Además, en el cuadro paulista quedó como el 10º mayor goleador de su história, por delante de jugadores como Raí, Friedenrich, Careca, Pedro Rocha e Canhoteiro.

En cuanto al estadio, es el futbolista que más partidos jugó en el legendario Morumbi.

Títulos que ganó con el São Paulo:
Copa Libertadores da América: 1993 y 2005
Copa Intercontinental: 1993
Recopa Sudamericana: 1993 y1994
Supercopa sudamericana: 1993
Copa Conmebol: 1994
Copa dos Campeões Mundiais: 1995 y 1996
Copa Master de la Conmebol: 1996
Campeonato Paulista: 1998, 2000 y 2005
Torneo Rio-São Paulo: 2001
Campeonato Paulista: 1998, 2000, 2005
Mundial de Clubes da FIFA: 2005
Campeonato Brasileiro: 2006, 2007 y 2008
Copa Sudamericana: 2012

domingo, 16 de julio de 2017

Maracanazo - En julio no se festeja el carnaval

1950 - 16 de julio - 2010
A 60 años de la victoria más impactante de la historia del fútbol
Artículo publicado en la revista El Gráfico, en marzo de 2002
Por PABLO ARO GERALDES


Europa empezaba a curar las heridas del holocausto, a ponerse lentamente de pie, mientras en Sudamérica el fútbol seguía vivo. Los campeonatos Sudamericanos eran una pasarela interminable de figuras a las que les faltó la consagración en un Mundial.

Tras el horror de la guerra, la FIFA volvió a reunirse en el Congreso de Luxemburgo de 1946. Brasil fue el único que presentó una postulación para organizar el Mundial siguiente, que todavía no tenía fecha. En ese mismo encuentro se decidió ponerle a la copa el nombre de Jules Rimet, en homenaje al presidente de la entidad, impulsor de la creación de los mundiales. Y los ingleses terminaron por darse cuenta que su orgulloso aislamiento no servía de mucho y volvieron a integrarse a la FIFA. Se resolvió que el Torneo Interbritánico, el “Home Championship”, sirviese como eliminatoria, con dos clasificados. La pelota estaba lista para volver a rodar.

En 1947 la Comisión Técnica puso fecha: se jugaría en Brasil en 1950. Pero la Argentina, en medio de su época futbolística más gloriosa decidió no participar. En 1946, un partido ante Brasil en la cancha de River terminó en una batalla campal, resintiendo las relaciones deportivas entre los dos países. Ese era un argumento. Otro apareció en 1948: los jugadores reclamaban mejores salarios y ante la negativa de los clubes se declararon en huelga. Al mismo tiempo llegaba una noticia curiosa: Neil Franklin, centrehalf de la selección inglesa, dejaba el Stoke City para ir al Millonarios de Bogotá. Algo extraño pasaba. El fútbol colombiano no estaba dentro de la FIFA y empezaba a “capturar” a los mejores jugadores, que al estar fuera del sistema, no necesitaban el pase de su club de origen. Colombia les ofrecía dinero en cantidades impresionantes, especialmente el Millonarios (financiado por Alfonso Senior, un rico comerciante) y hacia allí partieron Pedernera, Rossi, Di Stéfano, Pontoni, Báez, Perucca… En unos meses Colombia se transformó en el Edén.

Los clubes argentinos perdieron a sus figuras, las que por jugar en Colombia, tampoco podían integrar la selección. Algunos sostenían que ante la imposibilidad de enviar un equipo poderoso y asegurarse un papel digno, el gobierno de Perón prefirió la ausencia argentina, para no cargar con el desgaste político de una derrota. No fue la única baja del torneo. Alemania, la potencia derrotada en la guerra, estaba sancionada y no podía participar. Detrás de lo que Churchill bautizó como “Cortina de Hierro” quedaban grandes del fútbol como Hungría y Checoslovaquia, y un gigante que todavía estaba creciendo, la Unión Soviética. Los países comunistas se auto excluyeron. Tampoco estaría Austria.

El 4 de mayo de 1949 el Torino, absoluto dominador del calcio y poseedor de nueve titulares de la selección italiana, volvía de Lisboa, en una de las tantas giras que realizaba para dar exhibición de buen fútbol. Quizá la derrota ante el Benfica había sido un mal presagio, pero el avión FIAT luchó todo lo que pudo contra la tormenta impiadosa. Ya estaba por llegar, pero sus alas se vencieron frente a la colina de Superga. “E morto il Torino”, fue el título que leyó toda Italia. No sólo los turineses lloraban a sus ídolos, el país perdía a su selección. Un doloroso adiós al arquero Bacigalupo, los defensores Ballarin y Maroso, los centrocampistas Rigamonti y Grezar, los delanteros Menti, Loik, Gabetto y Valentino Mazzola. Con la trágica noticia, se diluyeron las altísimas expectativas que los italianos tenían en el Mundial y quedarse para siempre con la Copa, que sería conservada por el primer tricampeón.
Los escoceses ganaron su lugar escoltando a Inglaterra en el torneo británico, pero renunciaron porque su honor no les permitía salir segundos. Cerca del comienzo le ofrecieron su plaza a los franceses, pero declinaron la invitación. Por Asia se inscribieron Birmania, India y Filipinas, pero las tres se bajaron solas. Turquía superó a Siria y Palestina pero no asistió al Mundial por motivos económicos.

Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay debían jugar su eliminatoria en Río de Janeiro, algo que había sido decidido por la FIFA a pedido de Brasil, como un testeo de la organización. Cuando llegaron a la cidade maravilhosa, uruguayos y paraguayos se encontraron con la sorpresa que Perú y Ecuador habían desistido, lo que automaticamente los clasificaba. Para aprovechar el viaje ambas selecciones disputaron un amistoso y Paraguay ganó 3-2.

Uruguay combinaba la experiencia del arquero Roque Máspoli y Obdulio Varela con la juventud habilidosa de Pepe Schiaffino, Míguez o Ghiggia. Había confianza, tanta que no llevaron al máximo descubrimiento charrúa de los últimos veinte años, Walter Gómez, de River.

Quedaron 13 participantes. ¿Supersticiosos? En 1930 había pasado lo mismo y el torneo terminó con la victoria de los anfitriones, no había nada que temer.

MANOS A LA OBRA
En el Congreso de Londres, en 1948, Brasil expuso su postura: le parecía absurdo utilizar el sistema de eliminación directa, como en el 34 y el 38. ¿Qué incentivo tendría para participar un país que necesitaba tres semana de viaje si podía quedar afuera tras 90 minutos? Pero la FIFA persistía y Brasil amenazó con renunciar al Mundial. Al final, la idea brasileña se impuso: se dispusieron cuatro grupos y cada ganador pasaría a la ronda final. Es decir que en una liguilla por puntos se tendría al campeón, sin partido final.

“Tendremos el estadio más grande que la humanidad haya conocido”, decía el comunicado de la Confederación Brasileña. Con menos de dos años de anticipación empezaron las obras en la ribera del riacho Maracaná, de un estadio techado para 200.000 personas. El país apostó todo al Mundial. Algunos ministros se mostraron indignados al enterarse que Flavio Costa, el técnico, cobraba 5.000 dólares por mes, pero la decisión gubernamental era apoyar con todo. Sin Brasil campeón, ningún esfuerzo tendría sentido.

Se contrató una lujosa residencia en los alrededores de Río, donde el plantel residiría cuatro meses. Nada se les podría escapar. Hasta se racionaron las visitas de las esposas. A las diez de la noche había toque de queda en la casa: nada de cachaça, sólo jugos vitamínicos. Pero pronto el régimen se empezó a flexibilizar. Comenzaron las visitas de parientes, de amigos, de famosos, de políticos “influyentes”, de políticos en busca de renombre, de vecinos… Las salidas empezaron a multiplicarse, primero de manera solapada; al final no había ninguna seriedad.

Al acercarse la fecha de inicio, era evidente que el gigantesco estadio no iba a estar terminado. Entonces el gobierno movilizó 1500 soldados para colaborar en los trabajos. Se “concluyó”, pero es un decir, ya que sólo tenía el campo de juego y las tribunas. Los accesos seguían en obra, los vestuarios eran precarios y no había palco para la prensa. La habilidad de los organizadores consiguió que se habilitara, pero la obra recién se completó en 1951.

GIRA LA BOLA
El 24 de junio, Brasil y México (foto) salieron a darle vida al monstruo de hormigón. Hubo un partido de fútbol, sí, que terminó 4-0 a favor de los anfitriones; pero esa tarde se vivió otra cosa. Una fiesta de verdad, con el termómetro marcando tropicales 28º. Por la inauguración del Maracaná, y por el primer paso hacia el festejo final, que seguro sería para los brasileños. La pirotecnia que rodeó al encuentro era algo nunca visto hasta entonces y llegó a asustar a los mexicanos, partenaires obligados de una celebración ajena.

En ese partido se estrenaron los números en las espaldas, una innovación introducida por la FIFA destinada a identificar mejor a los jugadores.

Al mismo tiempo, en Curitiba, la sorpresa invadía a todos los que esperaban una goleada de España sobre un equipo inmigrantes que jugaba con la camiseta de los Estados Unidos (foto). Zarra, Basora y compañía eran verdaderas figuras del fútbol europeo, pero necesitaron más de 70 minutos para superar a los yanquies, que se habían puesto en ventaja a los 12’ por medio de Souza. Al final fue 3-1 para los españoles, pero el representativo norteamericano había mostrado que no era ningún “rejunte”.

Por el mismo grupo, Inglaterra hizo su debut en los Mundiales superando a Chile por 2-0, sin la presencia de Stanley Matthews.

Los ingleses sentían que le hacía un favor a la competencia con su presencia, convencidos de su superioridad absoluta. Por primera vez, la Liga Inglesa nombró a un técnico, Walter Winterbottom, ya que en las siete décadas de su historia la selección se había formado por un Honorable Comité que citaba a los jugadores por correo, estos se juntaban en el vestuario y salían a la cancha.

Las apuestas lo tenían en segundo lugar, detrás de los locales, pero en la cancha el fantasma inglés no mostró nada como para temerle; salvo un par de elementos, no tenía picardía y su dominio del balón no era gran cosa.

Como sólo clasificaba a la ronda final el primero de cada grupo, los chilenos (foto) tenían que ganarle a España, mientras los ingleses calculaban cuántos goles le harían al pobre conjunto estadounidense. A los norteamericanos los dirigía Bill Jeffrey, un escocés “traidor”, que no se entregaría sin luchar al máximo ante el rival de toda la vida. Su equipo tenía apellidos belgas, portugueses, italianos, irlandeses, pero todos sentían amor por la bandera de las rayas y las estrellas. Mientras, los ingleses venían de ser agasajados en la mina de Morro Velho, explotada por firmas británicas, cuyos dos mil trabajadores los alentarían en las tribunas del Mineirao. Había tanta confianza, o subestimación de los yanquies, que la noche previa la tuvieron libre. Total...

A los cinco minutos Inglaterra ya había disparado ocho veces al arco, pero Borghi, el arquero, respondía. La presión era absoluta, Estados Unidos no podía cruzar la mitad de la cancha; recién atacó por primera vez en el minuto 39. Más que ataque fue un pelotazo, el que Bahar disparó de larga distancia. Pero superó al arquero Williams y Gaetjens, que venía al trote por la izquierda, alcanzó a poner la cabeza para rozarla. Más que cabecear, le pegó en la cabeza y el buen hombre, nacido en Haití, se encontró de golpe festejando un gol que él le había hecho a Inglaterra. No lo podía creer. Menos cuando el reloj siguió su marcha y los 90 se consumieron en medio del asedio estéril de los ingleses y la locura de las tribunas, que esa tarde, como tantas, se habían inclinado por el más débil. La hazaña se había consumado y tampoco los periodistas podían creerlo. El pueblo de Belo Horizonte invadió la cancha para llevar en andas a los norteamericanos. “England 0 - USA 1”, decían los télex que los enviados especiales despachaban a Europa. “Transmisión errónea, rectifique resultado”, respondían desde Londres. Con las comunicaciones todavía lentas, un diario británico supuso que sería “England 10 - USA 1”, y así tituló al día siguiente. Gaetjens se convirtió en un personaje tan popular que meses después firmó para el Racing de París. Cuando llegó a Francia le confesó a los periodistas: “nunca tuve ciudadanía norteamericana”.

Como España venció a Chile, la clasificación la pelearían, en el Maracaná, España e Inglaterra, con la ventaja de que un empate le daba el pase a las finales a los españoles. En la jornada final del grupo 2, todo volvió a la normalidad y Chile venció a Estados Unidos 5-2, pero era anecdótico. El asunto estaba en Río. Para aprovechar la lentitud del fondo español, Inglaterra alineó a Milburn, un centreforward rapidísimo, pero Gonzalvo y Alonso apostaron a esperarlo en el área y lo borraron de la cancha. Obligada a ganar, Inglaterra presionó, pero se dio contra el arquero Ramallets, que tuvo la mejor actuación de su carrera. Encima, faltando cinco minutos, Zarra consiguió la victoria (foto). Este encuentro fue el de mayor cantidad de público de aquellos en los que no intervino Brasil.

SE CAE OTRO CANDIDATO
Tras la tragedia de Superga, una curiosa dupla se había hecho cargo de la selección italiana: el dirigente Ferruccio Novo y el periodista Aldo Bardelli. Fue el único equipo europeo que viajó en barco hasta Brasil. Lo hizo en el trasatlántico Sises, que cubría la línea Nápoles-Santos. En el puerto lo esperaban medio millón de tifosi, la mayoría emigrados durante la Segunda Guerra.

El debut ante Suecia concitó gran expectativa, por la gran cantidad de italianos residentes en San Pablo y porque los suecos venían de ganar la medalla de oro olímpica en Londres. Lo que no sabían era que los rubios de amarillo eran en su mayoría amateurs. Pero al salir a la cancha, se notó que el nivel futbolístico de Italia era bajo. Suecia ganó 3-1 y obligó a Italia a golear a Paraguay y después rezar. La derrota dejó una nueva herida en la lastimada Italia. Esa derrota se les grabó tan fuerte que nueve de los once suecos terminaron militando en el calcio.

Paraguay remontó un 0-2 ante Suecia y se quedó con un empate con olor a sorpresa. Y en la última fecha del Grupo 3 los guaraníes se jugaron todo a conseguir la clasificación pero Italia ganó 2-0 con comodidad, dándole el pase a la ronda final a los escandinavos.

Jugar en el Maracaná era una ventaja enorme para Brasil. Pero por una cuestión de federalismo y para calmar la enorme rivalidad carioca-paulista, el local jugaría su segundo partido en San Pablo. Además, ese día jugaron Ruy, Noronha y Alfredo, los preferidos de la afición paulista. El Pacaembú nunca le había dado suerte a Brasil, pero esa era la tarde ideal para espantar los fantasmas, ya que Suiza no significaba ningún peligro. Pero la visita de cortesía salió mal, y no por la “mufa” del lugar, precisamente: aunque Brasil arrancó ganando a los tres minutos, el candado helvético fue algo difícil de abrir para los delanteros (no estaban ni Zizinho ni Jair) y la desesperación abrió espacios para los contraataques. Eso era justo lo que quería Rappan, el técnico suizo. Claro, Suiza había empatado por medio de Fatton y cuando los brasileños se pusieron nuevamente arriba, Fatton volvió a empatar. El público se estaba yendo en silencio, casi resignado a la igualdad, cuando en el último minuto, el suizo Friedlander sacudió uno de los postes de Barbosa. Brasil tenía que agradecer el empate ante Suiza, porque al mismo tiempo Yugoslavia despachaba a México (foto). Eso indicaba que los brasileños tendrían que ganar el último partido a los yugoslavos si querían estar en la ronda final.

Contra los balcánicos, Brasil contó con su “trío diabólico”. Zizinho-Ademir-Jair salieron a la cancha para el mejor partido del certamen, desde el punto de vista técnico. Los brasileños salieron con ventaja desde el vestuario, pero no de modo figurado. Mientras Yugoslavia subía por el túnel, el entérala derecho Rajko Mitic chocó su cabeza contra una viga que sobresalía y se abrió una herida que sangraba a borbotones. Sus compañeros le pidieron al árbitro Griffiths que demorara el inicio hasta que lo atendieran, pero el galés se negó y terminaron arrancando el encuentro once contra diez. A los 15 minutos apareció Mitic con un vendaje caricaturesco, pero Brasil ya estaba 1-0 por gol de Ademir.

No por nada a los yugoslavos los llaman “los brasileños de Europa”; los dos equipos respetaban el mismo estilo y el partido tuvo un elevado calibre estético. Zizinho se apiló a cuatro y entró al arco con pelota y todo. Brasil seguía su marcha hacia el título.

En Belo Horizonte, Uruguay no le importaba a nadie. Los bolivianos eran modestísimos y los charrúas no lo perdonaron. Cuatro goles del Pepe Schiaffino, más los de Vidal, Pérez y Ghiggia, sellaron un 8-0 sin vueltas que darle. Aquella jornada paso indiferente, en un estadio casi desierto que ni agua en la duchas tenía. ¿Pero a quién le interesaba? La fiesta estaba en Río.

TRES CANDIDATOS Y UN COLADO
Todos contra todos, una rara fórmula para decidir al campeón. En el Pacaembú, España se convirtió en un dolor de cabeza para Uruguay, que tuvo la suerte de llevarse un empate. Ghiggia había puesto el 1-0, pero dos goles de Basora hicieron que todo el segundo tiempo fuera una marea celeste buscando la igualdad, elevando la imagen de Ramallets. Pero el arquero estaba resentido en un hombro y Obdulio le disparó de lejos venciendo la resistencia de su brazo. Uruguay contaba con la ventaja del descanso, ya que había jugado sólo 90 minutos ante Bolivia, casi un entrenamiento, mientras los españoles arrastraban tres encuentros fuertes. El 2-2 favorecía a Brasil, que al mismo tiempo estaba abusándose de Suecia en el Maracaná, en medio de un carnaval anticipado, con Zizinho (foto) como destaque de las carrozas. Fueron 7 goles celebrados con una pirotecnia impresionante. “Cada vez que tocaba el balón, explotaban petardos alrededor mío; corría como en un campo minado”, contó después Skoglund. El local estaba sacando rédito de su “diagonal”, la que tenía a Ademir como “punta de lanza”.

La jornada siguiente debía enfrentar a Brasil-Uruguay y España-Suecia, pero los organizadores decidieron invertir las fechas por cuestiones de “caja”. Ver aplastar a los uruguayos no provocaría mucho entusiasmo y era mejor “guardarse” al rival más débil para asegurar la fiesta en la última tarde.

Meses atrás del torneo, durante el carnaval, todo Río de Janeiro cantaba una marcha titulada “As touradas de Madrid”, que aludía a una corrida de toros. Cuando en la segunda jornada final, España salió al Maracaná, 200.000 los recibieron entonando la burlona canción. Era algo nuevo para los hispanos, y encima el canto se multiplicaba por efecto del techo de hormigón hasta hacerse ensordecedor. Fue 6-1 en un ambiente de euforia loca, con la gente saltando, cantando y bailando entre los estruendos de los cohetes. La radio decía que en San Pablo, Suecia le estaba ganando a Uruguay, y con ese resultado, Brasil se aseguraba el primer lugar. Al salir, la gente no se fue a su casa. Invadió las calles de la capital (Río lo sería hasta 1960) para festejar el título anticipadamente, sin interesarle qué había pasado en San Pablo. Y allí, Uruguay había vencido 3-2 a Suecia, en un partido en el que su superioridad técnica terminó inclinando el resultado recién a falta de cinco minutos. Claro, los relatores no iban a interrumpir la fiesta informando sobre esos dos goles seguidos de Míguez, si total, en la última fecha Brasil necesitaba un solo punto para dar la vuelta olímpica. El choque con lo uruguayos sería como una final, por capricho del fixture, pero una rara final en la que el empate consagraría campeón a los hombres de blanco.

LA NOCHE EN VELA
Suecia-España (foto) y Brasil-Uruguay jugarían a la misma hora. Así se había programado para evitar especulaciones, aunque los resultados hicieron imposible que el campeón estuviera en San Pablo. La celebración sería en el Maracaná, donde Uruguay conservaba una posibilidad matemática: tenía que vencer al gigante que venía de aplastar a suecos y españoles, marcando 13 goles en los dos partidos.

Los dirigentes uruguayos felicitaron a sus muchachos por haber llegado a esta instancia: “Muchachos, cumplieron”. “Cumplidos sólo si somos campeones”, le respondió el temple de Obdulio Varela. Al final, varios hombres de saco y corbata optaron por regresar a Montevideo, dejando a los jugadores solos en la última parada.

Mientras, en la concentración brasileñas de São Januario, desfilaban políticos buscando “la foto” junto a los campeones para usarla en la campaña, ya que 1950 era un año electoral. Todos aburrían con discursos solemnes... Angelo Mendes de Morais, prefecto de Río de Janeiro, comenzó el suyo así: “Ustedes, que en una horas serán los campeones del mundo...”. El clima de victoria era total y en la noche del sábado 15 de julio casi nadie durmió. La radio repetía estribillos triunfales y afuera, en la calle, los tamboriles y redoblantes no encontraban motivo para esperar al partido. Las calles adyacentes al estadio ya lucían pasacalles que declaraban “Homenaje a los campeones del mundo” y once limusinas estaban listas para que los héroes volvieran a sus casas rodeados de gloria.

A unos kilómetros, en el barrio Laranjeiras, estaba el hotel Paysandú, donde se alojaban los uruguayos. Cualquier otro equipo hubiera dormido profundamente, despojado de toda responsabilidad. ¿Quién podría reprocharles una derrota ante Brasil? No tenían nada que perder. Pero ellos no. Juramentados a dejar el alma en el Maracaná, al que pisarían por primera vez, la mayoría pasó la noche en vela. Es verdad que las comparsas que bailaron toda la noche en la vereda contribuyeron con su samba y su pirotecnia para que nadie pudiese pegar un ojo. Esperaban a que los jugadores se asomases por una ventana y los saludaban mostrando cuatro dedos de una mano, la cifra de goles que todos pronosticaban sufriría Máspoli.

Apenas asomó el sol, se formó la ronda de mate. El técnico López llevaba la charla en la que participaba también Ondino Vieira, un agudo observador del fútbol, que por entonces trabajaba en Brasil y se había acercado a acompañar a sus compatriotas. Él tiró la clave: todas las conexiones brasileñas entre defensa y ataque pasaban por Zizinho, un hombre que no usaba el pase largo, que transportaba el balón al pie. Entonces El Negro Obdulio aconsejó a Tejera, quien debía marcarlo: “Mirá siempre la pelota, si le seguís los amagues de cintura, estás perdido”. E incentivaba a Míguez: “¿No viste la cara de estúpido que tiene el golero? ¿No vas a ser capaz de hacerle por lo menos un gol?”. “Y tú Schubert, deberás marcar a Chico. Si le dejás tocar una sola pelota te la tendrás que ver conmigo”, le advirtió el caudillo en medio de las risotadas de todos. ¿Miedo? Ese equipo uruguayo no tenía ni idea del significado de esa palabra. “Seremos once contra once, los doscientos mil de la tribuna no juegan”. La obviedad se repetía a modo de inyección anímica. La “huída” de los dirigentes los envalentonó aún más. Frente al arco los brasileños era mejores, sí, pero no era una cosa como para suponer una derrota categórica.

El técnico Flavio Costa les advirtió a sus jugadores que no entrasen en la provocación de los uruguayos: “Si les pegan, se las aguantan. No protesten nada, no les den excusas para abandonar la cancha y seamos campeones por abandono”. Ésa era la preocupación de los locales, no estropear la fiesta. La vuelta olímpica tenía que llegar tras una exhibición de fútbol y eso le pidieron a la FIFA. Se designó al árbitro inglés George Reader, por su serenidad y conocimiento profundo del reglamento. Era el hombre ideal para que el partido finalice con 22 jugadores.

Uruguay pidió el micro para el mediodía y en él cargaron los colchones del hotel. La idea era llegar temprano al estadio, evitar la multitud, y descansar un poco en el vestuario. Lo que no sabían es que ocho horas antes del pitazo inicial ya se habían empezado a colmar las tribunas. Al pasar por una iglesia todos bajaron a rezar. La confianza crecía y la serenidad de los mayores contagiaba a los más jóvenes. Cuando llegaron al Maracaná, ya estaba repleto. Se calcula que su capacidad había sido largamente excedida y había unas 220.000 personas. Tiraron los colchones en el piso y hasta dicen que Gambetta se durmió una siestita. Obdulio siguió con su arenga: “Muchachos, hoy tengo unas ganas de correr...”.

Los brasileños llegaron como en una interminable caravana triunfal, como si se tratase del paso de una escola do samba a través de Río.

LA NOCHE QUE EL REY MOMO LLORÓ
Aunque a Brasil le alcanzaba el empate, salió a comerse a Uruguay. Intuyéndolo, los celestes dispusieron tres líneas defensivas: Varela y Pérez, en la segunda Tejera y Andrade, y en el fondo Matías González y Gambetta. En los primeros minutos, Brasil forzó tres corners, pero Uruguay aguantó. De a poco, los visitantes se fueron animando a cruzar la mitad de la cancha, buscando a Ghiggia en profundidad, dejándole a Bigode el fault como única forma de pararlo. Después de una de las infracciones del brasileño, Obdulio se le acercó y lo retó: “Que sea la última vez, ¿entendió?”. El árbitro no podía creerlo.

El obstáculo de Bigode estaba resuelto, pero atrás esperaba Juvenal, y sus cruces eran impecables.

En un avance, Ademir quedó solo ante Máspoli y el arquero se quedó magistralmente con el disparo. Fue en punto de inflexión en el encuentro. Se despertó Schiaffino, que se conectó con el Palomo Míguez y empezaron a buscarlo a Ghiggia. Jair metió miedo con un pelotazo en el palo pero la respuesta fueron tres ataques uruguayos antes del descanso.

Algunos estaban perplejos, ¿por qué Brasil no goleaba a Uruguay? Igual, el empate alcanzaba y las tribunas bailaban frenéticamente. Abajo, el en vestuario, Ghiggia le pidió a Obdulio que en vez del pelotazo, lo buscase con pases cortos, para enfrentar a Juvenal con el balón dominado.

Arranca la segunda mitad y la diagonal brasileña da resultado: Ademir arrastra a toda la defensa y habilita a Friaça, quien saca el chumbazo para sacudir la red y justificar la fiesta. Ahí fue cuando Obdulio comprendió que debía aflorar la garra. Fue hasta el arco y tomó la pelota mansamente. Se la puso bajo el brazo y fue a reclamarle off side al juez, pese a que sabía que el gol era legítimo. Su protesta y su paso cansino hasta la mitad de la cancha aplacaron el festejo. Cuando Míguez sacó del medio habían pasado casi tres minutos del gol y el Maracaná había caído en un confuso silencio.

A los 21 minutos Obdulio le pone a Ghiggia esa pelota al pie que le había pedido, elude a Bigode, lo pasa a Juvenal y manda el centro para Schiaffino. El Pepe conecta de media vuelta al ángulo superior izquierdo de Barbosa y empata el partido. El cemento del Maracaná se convirtió en hielo. Brasil seguía siendo campeón, pero la fiesta se había estropeado.
Brasil no se conformaba con empatar, pero de última… El pánico aparecía cada vez que Ghiggia tomaba la pelota. A los pocos minutos la euforia volvió. Mientras, Jules Rimet comenzó a bajar las escaleras con lentitud, para llegar a tiempo a entregar la Copa que tenía su nombre. En uno de los bolsillos del saco tenía el discurso que le habían preparado en portugués.

En la cancha Schiaffino recibía un pase de Ghiggia y se mandaba al fondo. Schiaffino se la pedía en el medio del área, Barbosa salía a tapar el centro y Ghiggia, casi contra la raya, cerraba los ojos y pateaba al arco con todas las fuerzas de su alma. Gol. Río de Janeiro jamás vivió tanto silencio, un silencio de muerte. Ni siquiera lo quebró el centenar de uruguayos que estaba en el estadio, por miedo. Con su paso anciano, Rimet seguía bajando laberínticas escaleras y le llamaba la atención la buena aislación acústica de esa obra de ingeniería. Pero las tribunas no aislaban nada, afuera tampoco se oía un solo grito.

Brasil salió desesperado, pero el coraje de Uruguay hizo que sea imposible cambiar el resultado. Mr. Reader mira su reloj: marca 45’, pero hay corner para Brasil. Es la última jugada, lo ejecuta Friaça desde la derecha. La pelota hace una parábola y cae cerca del segundo palo, donde está Gambetta y la agarra con las dos manos. “¡¿Qué hacés?!”, le grita Ghiggia, queriéndose morir. “¡Terminó, hermano, terminó!”, le responde Schubert sin poder contener las lágrimas.

Cuando Rimet asomó por el túnel, la banda de música no estaba, el podio tampoco. El policía de custodia estaba llorando y la multitud abandonaba las graderías en silencio. Once hombres de celeste se abrazaban, olvidados por toda la toda formalidad oficial. “Aunque no nos den la copa, somos campeones. Podemos irnos”, les dijo Obdulio Varela, pero justo en ese momento lo alcanzó Rimet, que acababa de comprender todo. “Mes félicitacions”, fue lo único que le dijo, en francés. Veinte años después, el trofeo volvía a manos uruguayas. Así lo contó el presidente de la FIFA: “No sé qué paso. Había un protocolo a seguir pero a nadie le importó que no sonara el himno en honor a los vencedores, que no se izara al mástil la enseña de Uruguay. Me encontré solo en el césped con la Copa en mi mano derecha. Al final, cuando me di cuenta de que nadie iba a acompañarme en la ceremonia, reclamé la atención de Varela y le di el trofeo”.

“Ese día estaba escrito que ganaríamos, no temíamos ni a Dios ni al Diablo. Si Máspoli hubiese jugado de delantero, hacía dos goles y si yo hubiera ido al arco, atajaba dos penales”, resumió Omar Míguez.

Afuera, Brasil se sumía en la noche más larga y silenciosa de su historia, un triste velatorio con 50 millones de personas llorando la muerte de su sueño. El silencio sólo se rompía con el ulular de alguna ambulancia presurosa para asistir a uno de los tantos corazones que esa noche dijeron “basta”. La fiesta que embriagaba la avenida 18 de Julio de Montevideo estaba muy lejos como para confundirla con el festivo paso de las carrozas y sus escolas do samba. Estaba claro, en julio no se festeja el carnaval.



El relato completo de Brasil-Uruguay, por Radio Nacional de Río de Janeiro

domingo, 9 de julio de 2017

Conmebol

El 9 de julio de 1916, en medio de las celebraciones por el centenario de la declaración de la Independencia argentina se jugaba el primer Campeonato Sudamericano de Foot-Ball y las cuatro asociaciones pioneras daban un paso monumental.

El torneo fue un éxito y durante su disputa el dirigente uruguayo Héctor Rivadavia Gómez encontró el contexto ideal para materializar su proyecto: fue así que en el atardecer de Buenos Aires, un grupo de 22 delegados de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay se reunieron para fundar la Confederación Sudamericana de Fútbol. El entusiasmo los hizo ir para adelante y aprobaron la idea, ad-referendum de las respectivas asociaciones nacionales. Finalmente, el 15 de diciembre de 1916, en Montevideo, se celebró el Congreso Constitucional, en el que se ratificó todo lo actuado. Pero la Confederación ya había nacido en la reunión del 9 de julio, en Buenos Aires. A las asociaciones fundadoras, luego se sumaron las de Paraguay (1921), Perú (1925), Bolivia (1926), Ecuador (1927), Colombia (1936) y Venezuela (1952).

La Confederación Sudamericana de Fútbol usaba la sigla CSF, luego reemplazada por "Conmebol" por el empleo de este acrónimo en sus antiguos mensajes cablegráficos con la FIFA.

Héctor Rivadavia Gómez
TODOS LOS PRESIDENTES
DE LA CONMEBOL


1 Héctor Rivadavia Gómez (Uruguay) 1916 / 1936
2 Luis Salesi (Argentina) 1936 / 1939
3 Luis Valenzuela Hermosilla (Chile) 1939/55
4 Carlos Dittborn Pinto (Chile) 1955 / 1957
5 José Ramos de Freitas (Brasil) 1957 / 1959
6 Fermín Sorhueta (Uruguay) 1959 / 1961
7 Raúl Colombo (Argentina) 1961 / 1966
8 Teófilo Salinas Fuller (Perú) 1966 / 1986
9 Nicolás Leoz (Paraguay) 1986 / 2013
10 Eugenio Figueredo (Uruguay) 2013 / 2014
11 Juan Ángel Napout (Paraguay) 2014 / 2015
12 Wilmar Valdez (Uruguay) 2015 / 2016
13 Alejandro Domínguez (Paraguay) 2016...